Historia

Innegables precursores

Ya desde principios del siglo XX, la presencia vasca en Valparaíso comenzaba a hacerse notoria y tomar peso de colectividad, condición que tarde o temprano iba a dar paso a la necesidad natural de asociarse oficialmente, es así que a mediados de la segunda década de la centuria un grupo de conocidos comerciantes de Valparaíso registraba en la notaría del señor Tomás Ríos González los estatutos de lo que se llamaría Centro Vasco Chileno de Socorros Mutuos.
Con la personalidad jurídica obtenida el 13 de septiembre de 1915, a solicitud de don Luis Carranza, esta sociedad comenzó a funcionar legalmente bajo el propósito de representar una instancia de “socorro mutuo para sus asociados”; procurar para éstos “recreaciones cultas, deportes para su desarrollo físico, adelantos en su situación moral y social”; y fomentar las relaciones “entre las familias chilenas y españolas”.
A la cabeza de la institución estuvieron, provisoriamente, Conrado Nájera, presidente; Carlos del Solar, vicepresidente; Alejandro Vega, secretario; Rafael Urtueta, pro secretario; Vicente Manterola, tesorero; Vicente Landaburu, sub tesorero. Los directores, en tanto, fueron Eleuterio Ayarza, José Abellaneda, Enrique Armijo, Santiago Güemes, Benjamín Arancibia y Arturo López; asesorados jurídicamente por Alfredo Villalón Ogas.
Si bien, esta sociedad fue de carácter abierto, es decir, no se restringió a contar sólo con miembros de origen vasco, sino que también incorporó a chilenos y naturales de otras provincias ibéricas, en su registro figuran importantes personajes euskaldunes, cuyos nombres seguirían sonando por varias décadas, ya fuere por sus trayectorias empresariales o actuaciones sociales.
Y aunque la lista es bastante extensa, amerita transcribirla por completo para dejar constancia de quienes fueron los primeros adscritos a este centro, considerado precedente de lo que en la década del cuarenta sería la Eusko Etxea de Valparaíso, la cual contó entre sus componentes a varios integrantes de la Sociedad Vasco Chilena de Socorros Mutuos.
Aquel 4 de septiembre de 1915, ante el notario público y de hacienda Segundo Toro Moreno -suplente de Tomás Ríos González- comparecieron los señores José Gallo, José Andraca, Andrés Ascorra, Francisco Zuloaga, Alfonso Bermudez, Francisco Ascorra, José Ascorra, Pedro Bilbao, Juan Ascorra, Gregorio Riveros, Nicanor Galdona, Enrique Alberto Gándara, Augusto Sarrochi, Francisco Tolosa, Francisco Jaumé, Ricardo López, José Avellaneda, Samuel Villacís, Eleuterio Ayarza, Ambrosio Olave, José Elórtegui, Enrique Armijo, Juan Zuluaga, Juan Bengoa, Jesús León, José Irahola, Vicente Landaburu, Vicente Manterola, Carlos Rodhis, Manuel Gallardo, Dionisio Bilbao, Juan Francisco Vallejo, José Candina, Manuel Eyzaguirre, Casiano Abio, Roberto Pulgar, Ramón Conde, Rafael Urtueta, Juan Echavarrieta, Francisco Echavarrieta, Alfredo Villalón, Marcelino Gaueca, Jenaro Oses, Ramón Lombas, Marcelino Hoyos, Olegario Marambio, Pascual Suppetta, Fermín Silva, Conrado Nájera, Juan Semeria, Mariano Torre, Carlos Rohde, Antonio Corona Toro, José Ascorra U., Raúl Maicot, Marcelino Fernández, Lino Urzúa, Juan Rivaretto, Alberto de la Fuente, Julio Brayni, León Rodrigo, Genaro Rodrigo, Juan Ramón Reyes, Samuel Silva y Jenaro del Pérez.
Y nace Eusko Etxea de Valparaíso
Transcurrían los primeros años de la década del 40 y un puerto escondido al sur del Pacífico ofrecía paz y libertad al que quisiera trabajar y crecer a la par con la ciudad. El mundo era azotado por una inclemente guerra y, lejos del epicentro del conflicto, Valparaíso, que ya acumulaba una basta experiencia acogiendo al amigo foráneo, abrazaba las esperanzas de un grupo de vascos que había llegado desde una tierra remota, persiguiendo la idea de un futuro mejor.
Atraídos por las historias de proyección económica que algún tío contaba en cartas o huyendo del avance bélico, vascos y vascas arribaron sucesivamente a Valparaíso y se asentaron con sus familias y negocios hasta volverse parte de la cotidianidad porteña.
Pronto se integraron a la escena local y estrecharon lazos con los demás habitantes de la ciudad, sin que esto aminorara la nostalgia por la Euskal Herria que los había visto nacer. Ya en el período del cual hablamos, años 40, la comunidad euskalduna establecida en Valparaíso era bastante numerosa y buscaba formas de organizarse para revivir las viejas celebraciones y compartir con los hermanos de raza, siendo la visita del Lehendakari José Antonio de Aguirre, en 1942, el impulso que faltaba para que meses más tarde, al calor de la conversación en un bar de la bohemia porteña, catorce camaradas sentaran las bases de lo que posteriormente se convertiría en el Centro Vasco de Valparaíso.
Una noche de otoño, fechada el 13 de mayo de 1943, brindó el instante ideal para que en “La Academia de Billares” -establecimiento ubicado en Avenida Pedro Montt, una de las arterias más importantes del puerto-, los señores Juan Aboitiz, Victoriano Zabala, Juan Andraca, Antonio Olaeta, Antonio Bilbao, Pedro Leguina Bilbao, Ángel Martínez, Juan Bengoa, Juan Salegui, Pedro María Elorriaga, Pedro Leguina Eguía, José Iraola, Martín Gangoiti y Victoriano Lluvia, acordaran la formación de lo que definirían en el acta de fundación como una “sociedad recreativa y cultural que tiene por objeto crear y fomentar el intercambio cultural con sociedades chilenas de igual índole, reunir a las familias vascas para su conocimiento y proporcionar a sus afiliados un centro de reunión”.

De esta manera, se dio origen a lo que se denominó “Eusko Etxea-Casa Vasca de Valparaíso”, a cuya cabeza estuvo como presidente provisional el señor Juan Aboitiz. Lo que podría considerarse una primera etapa informal, pues no se contó con los recursos ni la infraestructura para desarrollar actividades sistemáticamente, tuvo fin en 1947, cuando los socios del centro encontraron una sede donde establecerse y procedieron a oficializar la institución, reduciendo a escritura pública el acta de fundación redactada cuatro años antes.
Ubicada en calle Freire, frente al tradicional Parque Italia, la Eusko Etxea de Valparaíso albergó entrañables momentos de entretención, animados por el txistu y el tamboril del señor Luis Mondragón, quien presidió la entidad por más de 15 años. Celebraciones como Aberri Eguna e Iñaki Deuna son testimoniadas por las numerosas fotografías que la gran familia vasca se tomó a los pies de la imponente escalera de la casona porteña.

Aunque con el paso de los años y por diversos motivos, el Centro Vasco debió cerrar sus puertas, el espíritu de fraternidad y el entusiasmo por conservar la cultura se siguieron expresando en fiestas y paseos, como los realizados en la hermosa localidad de Casablanca. Fueron, tal vez, estas instancias las que ayudaron a que la colectividad vasca no se disgregara y que, hace una década, generaciones más jóvenes se hayan empeñado en resucitar la Eusko Etxea que atisbaron en su temprana infancia o escucharon nombrar a sus padres.
El propósito fue no perder los vínculos con el País Vasco y el deseo, experimentar las jornadas de juegos, bailes y amistad que, cuentan los más antiguos, abundaron en la desaparecida “Casa de Freire”.
La nueva Eusko Etxea de Valparaíso fue reconocida por el Gobierno Vasco en 1999. El 14 de julio de aquel año, Josu Legarreta Bilbao, Director de Relaciones con las Colectividades Vascas, comunicó a nuestra Euzkal Extea el reconocimiento por parte del Gobierno Vasco, así como la inscripción de alta en el Registro de Centros Vascos – Euskal Etxeak.
La Casa Vasca de Valparaíso, haciendo uso de las tecnologías que ofrece la comunicación moderna, hace un par de años figura con sitio propio en Internet. Hoy, convertido en una renovada instancia de exposición y comunicación de los interesantes proyectos que ha ido concretando la institución.
Proyectos tan emblemáticos y enorgullecedores como la publicación del libro “Arrojos, dichas y nostalgias. Vascos en el Valparaíso del siglo XX”, de la autora Rubila Araya Ariztía. Iniciativa que partió como una ambiciosa idea que pronto fue tomando forma hasta concluir convertida en más de 200 páginas de narraciones que plasmaron la historia y las vivencias de los vascos arribados a esta región chilena. El Premio Andrés de Irujo 2005, la presentación en el IV Congreso de Colectividades Vascas, su inclusión en la Colección Urazandi y diversas apariciones destacadas en la prensa, son algunas de las satisfacciones que cosechamos gracias a este arduo trabajo.
Y la hermosa exposición de esculturas y pinturas titulada “Euskadi, la tierra de nuestros ancestros”. Inserta en los Proyectos Bicentenario de Eusko Etxea de Valparaíso. La idea de rescatar, interpretar y expresar los paisajes, costumbres e identidades del País Vasco, a través de la creación plástica, estuvo a cargo de la directora María Luisa Sainz Aguirrezabal y fue desarrollada por artistas de la colectividad. Con el apoyo de Virginia Reginato Bozzo, alcaldesa de Viña del Mar, y del Ilustre Consejo Municipal, la muestra realizada en el Centro Cultural de la ciudad, Palacio Carrasco, fue visitada por el público entre el 23 de septiembre y el 7 de noviembre de 2009.
Por estos días, nos encontramos abocados a la habilitación de nuestra nueva sede, ubicada en calle Quillota 135-137, Población Vergara, Viña del Mar, la cual hemos obtenido gracias al aporte del Gobierno Vasco, a través del proceso regular de solicitud de subvenciones, siendo inaugurada el pasado 21 de septiembre de 2011. Como siempre soñamos, hoy tenemos una casa que alberga actividades y celebraciones, en la cual podemos recibir a socios (as) y amigos (as), alojar nuestras tradiciones e invitar al resto de la comunidad para enseñarles la hermosa cultura vasca.

Desde esta realidad, un tanto diferente a la de antaño, se recorren nuevamente las huellas que dejaron los primeros en dar pasos en la trayectoria de una Eusko Etxea que, con aciertos y desventuras, ha podido derribar las barreras del tiempo y mantenerse vigente hasta estos días.

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