Cultura

 
Fiesta de San Ignacio de Loyola
Ignacio (Iñaki) de Loyola nació el 24 de Diciembre de 1491, en el castillo de Loyola, en Guipúzcoa, cerca de los Montes Pirineos que están en el límite con Francia.
Luego de ser herido en la guerra contra los Franceses, haría el voto de vivir, de allí en adelante, en la penitencia y devoción a Dios.
Fue en Francia, mientras estudiaba Filosofía, donde persuadiría a algunos compañeros a unírsele a el en labores espirituales.
Junto a seis de ellos se agruparía en una nueva orden religiosa con reglas y organización propia, que seria aprobada en 1540 por el Papa Pablo III, y que dirigiría por 15 años. Llamó a la obediencia la Virtud principal de los Jesuitas y la Humildad hermana de esta.
Murió débil y exhausto tras una corta enfermedad el 31 de Julio de 1556.
Eusko Etxea de Valparaíso ha mantenido las tradiciones de sus antepasados y conmemora cada año el día de la muerte de su Santo Patrono Ignacio De Loyola. En esta fecha se reúne la familia vasca de la zona para compartir y disfrutar de las costumbres. Al encuentro, realizado el último domingo de julio, asisten cerca de 400 personas.
 
Linajes Vascos
En el antiguo reino de Navarra, la nobleza o hidalguía se reconocía o confirmaba, a efectos oficiales y públicos, mediante sentencia ejecutoria de los tribunales reales de Corte y Concejo, que posteriormente quedaba registrada en los libros de Mercedes Reales y en los del Rey de Armas.
Las ejecutorias despachadas por los Tribunales de Navarra presentan, respecto a las de otras Cancillerías y Reales Audiencias de España, una diferencia radical. Así como en éstas las causas se litigaban a petición de parte y eran consideradas materia civil, en Navarra el procedimiento se iniciaba como asunto criminal, mediante denuncia del fiscal contra el que trataba acreditar su pretendida nobleza. Ello era debido a que el disfrute de las exenciones que conlleva la hidalguía, si se ejercía indebidamente, constituía un fraude a los derechos del rey y un sensible perjuicio al conjunto de los vecinos del lugar, sobre quienes recaían las cargas de las personas exentas. Hay que tener presente que, según las leyes de Navarra, el uso -aunque fuese indebido- del escudo de armas durante cuarenta años, sin oposición o mala voz por parte de nadie, daba derecho al interesado a continuar usándolo legalmente por sí y sus sucesores.
En estos procesos de hidalguía ante los tribunales del reino, se trataba de justificar por parte de los pretendientes, la filiación noble, mediante el entronque con el palacio o solar correspondiente. Esta debía acreditarse documentalmente a través de las partidas sacramentales de las parroquias respectivas y de la documentación notarial, y confirmarse mediante la declaración testifical de numerosos vecinos, que eran preguntados respecto a la fama y pública reputación de los pretendientes en relación con la condición hidalga.
Si la sentencia era favorable, el pretendiente quedaba absuelto del delito denunciado por el fiscal, y consiguientemente, podía en lo sucesivo usar libremente el escudo hasta entonces contencioso, haciéndolo labrar en el frontis de su casa, en la sepultura de la iglesia, en los reposteros y en cualquier otro objeto o pertenencia susceptible de ostentarlo. La sentencia, una vez firme, constituía la ejecutoria o patente pública de la calidad de hidalguía del solicitante, de sus hijos y descendientes legítimos y en su caso, de otros familiares que se suelen citar expresa y nominalmente como interesados o "consortes" en la causa.
En el archivo de los Tribunales Reales quedaban originales los autos de todos los procesos, pero su localización resultaba difícil y laboriosa, por lo que la Diputación del Reino acordó en 1805 encargar una recopilación en extracto de todas las sentencias de nobleza despachadas por los tribunales desde el año 1519. No obstante al haber mantenido fielmente la estructura de la recopilación de 1805, su consulta resulta complicada, y la información, en ocasiones confusa.
Aurelio Erdozáin Gaztelu, licenciado en Ciencias Químicas y diplomado en Genealogía y Heráldica, se ha venido dedicando, desde su jubilación profesional, a la interesante tarea de recopilar y extractar todas las ejecutorias existentes en el Archivo de Navarra, completando el repertorio con otras que ha podido localizar en distintos pueblos de Navarra, en varios libros que vienen a llenar cumplidamente un vacío considerable y que resultaba ya imprescindible, en un momento en que los estudios genealógicos y heráldicos despiertan el interés de los investigadores.
En su obra, Aurelio Erdozáin incluye en la referencia de cada apellido una descripción del escudo de armas, una fotografía de la labra heráldica o piedra armera, si se conserva; una noticia del origen del apellido, linaje o casa solar, con mención de los lugares a donde se extendieron las distintas ramas; la relación de la persona o personas que litigaron ante los Tribunales Reales de Navarra el proceso de hidalguía o de asiento en Cortes; la sentencia con su fecha correspondiente y por último, el árbol genealógico desde las primeras generaciones conocidas hasta llegar a las personas que obtuvieron la sentencia.